Ayunos.

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El estado de eliminación, uso de la energía acumulada, catabolismo y limpieza

Una vez que dejamos de absorber nutrientes del intestino y se han acumulado las reservas, comenzamos a usar la energía acumulada para funcionar. Los periodos de ayuno sirven para compensar los de ingesta y así mantener un balance adecuado entre ingesta de calorías y su gasto. Además, tanto las toxinas ingeridas (tabaco, alcohol, medicamentos...) como todos los desechos producidos en la digestión, metabolismo y otras funciones del organismo han de eliminarse. Parte de las toxinas que ingerimos o que se generan en el metabolismo pueden acumularse en el tejido adiposo o permanecer flotando por el espacio intercelular, el medio ambiente donde vive la célula, como si fuera una forma de "contaminación ambiental". Los desechos pasan desde las células, al espacio intercelular, de allí a la sangre y de allí al hígado y riñones para su posterior eliminación.  El sudor también es una forma de eliminación de desechos. Y quemar grasa también es una forma de eliminar parte de la carga tóxica que se acumula en los adipocitos, pero es mejor que se haga poco a poco para que el cuerpo pueda eliminarla por las vías excretoras.

En términos generales los procesos de limpieza se hacen continuamente, el cuerpo no espera al final de una fase para comenzar a eliminar, es sólo una simplificación, pero lo cierto es que cada vez que uno come, el cuerpo vuelve a la fase de acúmulo y dedica más recursos a ello que a limpiarse y gastar lo que ha acumulado, por lo que es durante la fase de ayuno de la noche que el cuerpo tiene vía libre para acabar de limpiar el cuerpo por completo y deshacerse de todo aquello que ya no necesita y no ha podido eliminar durante los ciclos de ingesta.